viernes, 24 de agosto de 2012

Fue el Puente más barato del mundo.

50 Años del Puente sobre el Lago
César Bracamonte.

El general Marcos Pérez Jiménez trabajó durante toda su estadía en el poder para urbanizar el país de la manera más idónea. Se asesoró con los mejores, buscó la manera de que cada obra fuera de envergadura y de simbolismo para los venezolanos, sea cual fuere su condición geográfica en su ubicación final. Es por eso que cada una de las obras que se realizaron en su gestión, hoy, son referencia para todos los venezolanos y para el mundo.

Uno de estos proyectos fue el Puente Rafael Urdaneta, mejor conocido «Puente sobre el Lago». Que a pesar de que hoy es poco más de la mitad del proyecto que licitó el general Pérez Jiménez, su imponente estructura es y será siempre símbolo e ícono de la ingeniería moderna. Digo la mitad, porque el proyecto inicial contaba con una vía férrea. Sin embargo, su violenta salida del poder retrasó y minimizó a su mínimo exponente, lo que un día sería conocido como una de las estructuras de hormigón más grandes del planeta.
A sus 86 años Oscar Benedetti, ingeniero de «El Coloso» zuliano, recuerda con total lucidez la primera vez que se sentó en una mesa rodeado de ingenieros de Alemania y Estados Unidos, después de haber ganado la licitación para construir el puente de concreto más largo del mundo (para ese entonces). A pesar de todos los contratiempos que generó al principio, por haber dado un precio global (unitario) el inmenso trabajo, se iniciaría meses más tarde, con la anuencia del actual Presidente y la pequeña experiencia de haber construido apenas un puente antes de haber puesto en pie el Rafael Urdaneta.

Dictadura y obras 

«Antes de definir cuál sería el puente final, hubo un par de proyectos presentados, pero por algunos contratiempos técnicos y los movimientos políticos de ese entonces, el Puente terminó siendo uno impredecible. Al caer el gobierno de Pérez Jiménez, lo primero que hizo Wolfang Larrazábal —asegura Benedetti— fue parar el proyecto, por definirlo como algo «faraónico» para nuestras realidades en el país, abría entonces que reestructurar el proyecto hasta dar con el actual. Sin embargo, el Puente habría de continuar, con todas las restas que las nuevas políticas de Estado ponía como traba». Años más tarde en una alocución hecha por Rómulo Betancourt, diría «para qué ferrocarril en el Puente, si nosotros no tenemos».




«Es un puente hecho para la posteridad, se edificó en tierra toda la parte de cemento moldeado, para luego sembrarlo en el Lago. Muy alejado de la versión principal, de igual manera, el Puente está construido con tecnología de punta; cuando el cambio de Gobierno autorizó la continuidad de «El Coloso», se redujo las luces (término utilizado por la ingeniería para calcular la distancia entre un pilote y otro) y se omitió la vía férrea en el centro. Pero esto no era un factor determinante en el proceso de la calidad del Puente, solo en la reducción de administrar recursos».



Existen muchas cosas alrededor de la construcción del Puente que nunca salieron a la luz pública, sino hasta muchos años después, pero que poco a poco la historia ha ido despejando. Los pilotes usados para construirlo eran una innovación, «en ninguna parte del planeta hasta ese momento se había propuesto esta tecnología —dice Benedetti— es más, creo que quien los diseñó, los patentó ese mismo año, era un tipo de pilotes bastante que signarían la ingeniería moderna para la construcción de futuros puentes alrededor del mundo», afirma el ingeniero.






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